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| EL DIABLO VISTE A LA MODA 2 Las ironías del destino reúnen a 2 que nunca pensamos que volverían. © Wendy Finerman Productions/ 20th Century Studios |
EL DIABLO VISTE A LA MODA 2/ THE DEVIL WEARS PRADA 2 (EE.UU., 2026. Dir. David Frankel).
Han pasado 20 años y Andy Sachs (Anne Hathaway) regresa a “Runway” a enfrentarse nuevamente con su antigua jefa Miranda Priestley (Meryl Streep). Sin embargo, las cosas han cambiado mucho. En 2 décadas la revista impresa es ahora más que nada digital en línea; una buena trampa para cibernautas que utiliza la técnica de los anzuelos de noticias y primicias sensacionalistas llamados “clicbites”, que ahora todos, pero todos conocemos, aunque no sabíamos que así se llaman.
La Streep no quería participar en la película, así que hizo lo mismo que Liz Taylor en 1962 —que tampoco quería hacer Cleopatra (Joseph L. Mankiewicks, 1963)—: Pidió una suma estratosférica para que los productores quedaran en shock y “se olvidaran de ella”, pero para su gran sorpresa los ejecutivos del estudio aceptaron pagarle lo que pedía.
La Streep no quería participar en la película, así que hizo lo mismo que Liz Taylor en 1962 —que tampoco quería hacer Cleopatra (Joseph L. Mankiewicks, 1963)—: Pidió una suma estratosférica para que los productores quedaran en shock y “se olvidaran de ella”, pero para su gran sorpresa los ejecutivos del estudio aceptaron pagarle lo que pedía.
En aquella época la Taylor pidió nada menos que $1, 000, 000 (un millón de dólares), además un porcentaje de la taquilla y que se usara un recurso técnico para filmarla sobre la que contaba en parte con los derechos, algo que tenía que ver con el sistema de sonido o de fotografía, no recuerdo bien. Ella no era la gran actriz, y lo sabía, pero sí una excelente mujer de negocios, como se vería después… Ninguna actriz de Hollywood había cobrado tanto (incluyendo a Marilyn), pero la 20th Century Fox se rindió a sus pies. Por cierto, Cleopatra fue un rotundo fracaso de taquilla que casi llevó a la quiebra a la Fox.
Bien, pues retomando El diablo viste a la moda 2 tenemos que este enésimo hit de Meryl no está basada en el libro La venganza viste de Prada. La saga ya consta de 3 novelas cuya autora es Lauren Weisberger. El otro día las vi en una librería.
La película ya no es como aquella simpatiquísima comedia sofisti-negra que fue en el 2006. Esta vez es un amargo análisis del desencanto de estos tiempos y los retos que implican, éstos en los que nada “permanece” y en los que la “tradición” ya está absoluta y completamente demodé, anticuada pues.
El marketing, las estrategias de ventas y en general toda la mercadotecnia son ahora asuntos mucho más cínicos y manipuladores que antes, pues las empresas para nada disimulan que lo importante es hacer dinero a costa de lo que sea: Recortes de personal (aunque sea valioso), campañas publicitarias baratas y la difusión de lo vulgar disfrazado de modernidad para un público bastante menos sofis y mucho menos exigente. En fin, pareciera que en muchos aspectos el aforismo “Todo tiempo pasado fue mejor”, es ahora más que nunca una penosa verdad —pues el concepto de arte y belleza se ha denigrado—, ya que esa concepción denominada “buen gusto” se ha diluido bastante.
Bien, pues retomando El diablo viste a la moda 2 tenemos que este enésimo hit de Meryl no está basada en el libro La venganza viste de Prada. La saga ya consta de 3 novelas cuya autora es Lauren Weisberger. El otro día las vi en una librería.
La película ya no es como aquella simpatiquísima comedia sofisti-negra que fue en el 2006. Esta vez es un amargo análisis del desencanto de estos tiempos y los retos que implican, éstos en los que nada “permanece” y en los que la “tradición” ya está absoluta y completamente demodé, anticuada pues.
El marketing, las estrategias de ventas y en general toda la mercadotecnia son ahora asuntos mucho más cínicos y manipuladores que antes, pues las empresas para nada disimulan que lo importante es hacer dinero a costa de lo que sea: Recortes de personal (aunque sea valioso), campañas publicitarias baratas y la difusión de lo vulgar disfrazado de modernidad para un público bastante menos sofis y mucho menos exigente. En fin, pareciera que en muchos aspectos el aforismo “Todo tiempo pasado fue mejor”, es ahora más que nunca una penosa verdad —pues el concepto de arte y belleza se ha denigrado—, ya que esa concepción denominada “buen gusto” se ha diluido bastante.
La primera parte del filme retrata esa especie de crisis social, económica y de valores que no es ficción, sino una realidad muy actual, aún en plena Nueva York, esa vibrante ciudad símbolo que representa el progreso, la modernidad y el glamour.
No obstante, la segunda parte del filme en cierta medida recobra un poco el esplendor de antaño, el montaje y la fotografía son espléndidos, como esa secuencia en la Galería Vitorio Emmanuel II de Milán (en Roma también hay una casi idéntica y es verdaderamente apantallante), y que con todo y todo los antiguos espectadores queríamos ver (los que asistimos a las salas cinematográficas a disfrutar hace 2 décadas de la asombrosa y originalísima primera entrega), pues la nostalgia nos invade irremediablemente, sobre todo si ya somos parte de ese sector que ahora llaman “vulnerable”, de la 3ª edad (o casi), por no decir incorrecciones como vejetes. ¡Uuups...!, quise decir: dulces viejecitos y los que nos siguen muy de cerca… Después de todo, aún en estos tiempos de corrección moral, política y neoética hay cosas que por pretender ser tan “correctas” son verdadera e increíblemente ridículas.
Una nota curiosa-chistosa: En algunas tomas Ms. Streep se me figuraba Helen Mirren, y Miss Hathaway a veces se parece a Morticia Adams o a Merlina, ¿o sería mi imaginación?
Una nota curiosa-chistosa: En algunas tomas Ms. Streep se me figuraba Helen Mirren, y Miss Hathaway a veces se parece a Morticia Adams o a Merlina, ¿o sería mi imaginación?
La gigantesca publicidad ha hecho de esta entrega algo imprescindible para los cinéfilos (para los curiosos, para las nuevas generaciones e incluso para todos, yo creo), pero considero que aunque la campaña no fuera tan enorme el imán de taquilla es volver a ver a “Miranda” como alguien diabólico en medio de un mundo mágico y aspiracional como la moda misma al ritmo de “Vogue” con Madonna; tan sólo recordad: “Todo el mundo quiere ésto. Todas quieren ser nosotras”.
¡Corte y queda…!
MarcH de Malcriado


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