HUSTLERS (Estafadoras de Wall Street) EE.UU., 2019. Guión y dirección de Lorene Scafaria. El cuento de la Cenicienta: O del efímero brillo del oropel es llevado a las pistas del table-dance más famoso y caro de Nueva York. Una linda teibolera, ―está bien, le llamaremos bailarina exótica pues―, la asiática apodada Destiny (Constance Wu), con su carita de "yo no fui", supuestamente muy “inocentita” y lógicamente principiante en el ambiente, admira a la despampanante Ramona (Jennifer Lopez, sí, sin acento aunque se vea raro) que es la más portentosa star del pole-dance del lugar. Contra todo lo que pudiera pensarse, Ramona, aparte de estar más buena que el pan, resulta ser un ángel de bondad que se convierte en una especie de hada madrina del glamour que toma bajo su protección a la ingenua oriental. De entrada, ni ella ni nosotros lo podemos creer, porque los clichés argumentales usualmente muestran a esas mujeres como personas terribles, egoístas, fieras competidoras y muy envidiosas, entre ellas. Recordemos la simpática Showgirls (Paul Verhoeven, 1995).
Jennifer Lopez desde Selena (Gregory Nava, 1997) es una gran estrella cuyas películas se complementan con una carrera musical medio regular y bastantes chismes sobre su filantropía, amoríos y su manera de presentarse a las galas, que con esa figura está más que justificado. Esa imagen de símbolo sexual ha opacado su talento como actriz; sin embargo y muy a pesar de este papel de devoradora de hombres, en Hustlers tiene la oportunidad de ofrecer una actuación verdaderamente deslumbrante, que además incluye el apantallarnos con sus grandes dotes como bailarina atlética de altos vuelos. Ni Demi Moore, que en su momento era considerada mejor actriz, estuvo tan bien en aquella muy olvidable y fallida Striptease (Andrew Bergman, 1996), un verdadero bodrio, para ser honestos.
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ESTAFADORAS DE WALL STREET Incluye a otra gran belleza, Keke Palmer: “Soy Mercedes, Mercedes Benz como el coche…” © STXfilms
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La película tiene un punto de vista marcadamente femenino, y se nota sobre todo cuando las hustlers se sienten ofendidas cuando los clientes ya bien prendidos les requieren hacer algo más que un lap-dance… Esa escena en la que Destiny llora por haber tenido que traspasar la línea me parece ridícula, ¿pues qué esperaba, su “calaverita” gratis…? Hacer lo que hizo sí es malísimo, estafar no. Pero bueno, así lo quiso la directora. No obstante, la premisa es la cosificación del varón, pero del que tiene dinero claro (los que no ni pintan), que a su vez cosifica a la mujer, cuantimás a las trabajadoras sexuales, que en esta puesta en pantalla son increíblemente hermosas, pero muy lights y archi decentes… y para terminar de mistificarlas (para variar) se las presenta como madres solteras, entonces guerreras y muy "luchonas", por supuesto.
A pesar de que esta inusitada producción es una oda a la redención de la putería y a la amistad, y más que nada, a la sacralización del "oficio" de este ramillete de estafadoras profesionales, la directora es lista, pues de vez en cuando no se azota y expone los peligros que conlleva transgredir la ley. Una chispa genial fue haber puesto en boca de la hetaira más terrible, y fantástica, una frase altamente paradójica: “La maternidad es una enfermedad mental”, la cual provocó incomodidad y risitas ahogadas en la sala.
¡Corte y queda…!
MarcH de Malcriado
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